CUEVAS MÁGICAS

Un espacio único en el Toledo más oculto

 

CUEVAS MÁGICAS

Al igual que uno puede ir a Toledo atraído por sus monumentos, museos, plazas o calles, al igual que uno puede hacer una ruta gastronómica por los bares y restaurantes de esta ciudad degustando las viandas que le pueden salir al paso; o al igual que uno puede ir de tienda en tienda comparando damasquinos o espadas, uno también en Toledo puede ir de cuevas… Sí, ir de cuevas por Toledo se ha convertido al día de hoy en una de las actividades comunes de los visitantes que llegan a nuestra ciudad. Una iniciativa que combina cultura y curiosidad y que gana con el paso de los años más y más adeptos, redescubriendo el Toledo más oculto y misterioso. Entre ellas destaca la famosa cueva de Hércules, que posee más de interés arqueológico que mítico, otras por ejemplo son la casa del judío, el pozo del Salvador, los baños árabes del cenizal o una de las salas de las termas que poseyó la Toletum romana. Pero cuando hablamos de lugares mágicos de verdad, de aquellos en los que uno puede encontrar elementos que conectan directamente con símbolos mágicos aún conservados al día de hoy, las cuevas se limitan. En este artículo os quiero destacar la que para mí es la más llamativa y mágica de todas, una maravilla subterránea que alberga en su interior un secreto que ahora queremos desvelar.

CUEVAS MÁGICAS

Muy cerca de la catedral primada, en la calle cardenal Cisneros número 12, se encuentra lo que los arqueólogos han llamado los salones de Cisneros, pero que nosotros hemos rebautizado como la cueva de Fátima. Se trata de un subterráneo con restos arqueológicos que van desde la época romana hasta la hispano musulmana del siglo XIII. Aquí hace años, se tuvo la fortuna de ubicar el Museo de la España Mágica, y es ahora que bajamos a su interior para comprender la importancia de este espacio, ¿nos acompañas?

CUEVAS MÁGICAS

La cueva se encuentra a unos cinco metros de profundidad del nivel de las calles de Toledo, y se describe según el informe arqueológico como los restos de una antigua casa musulmana de cierta importancia datada a últimos de la época califal (siglo X). Es un espacio dividido en dos plantas, con un pasillo central en forma de cruz latina que va de un muro romano (siglo I a.C.) hasta un aljibe árabe, que se puede atravesar paseando por un suelo pavimentado de ladrillos dispuestos en forma de espina de pez.  Por unas escaleras, se accede a la planta superior donde podemos observar un techo donde aún se conservan las vigas originales con detalles pintados en blanco y un pequeño espacio que toca con un muro de contención de la propia catedral. Destacan los dos aljibes que posee la cueva, uno de ellos justo al bajar sus escaleras de forma cuadrangular, que aún mantiene la argamasa impermeable conocida popularmente como sangre de toro, rematado con una bóveda de ladrillo, y el otro aljibe, en lo que fue el patio de la casa, con un magnífico brocal en piedra caliza de forma hexagonal donde aún se conservan las muescas y hendiduras del desgaste producido por el uso de subir y bajar con cuerda los cubos para recoger el agua de lluvia. También hemos de mencionar los arcos que posee la cueva, uno de ellos ciego adosado a un muro y otro de grandes proporciones que divide el espacio en dos secciones, este último está sostenido por un pilar doble de ladrillo donde se utilizó para el revestimiento de su base,  partes de antiguas columnas de mármol. Al final del pasillo central el techo está rematado con una gran bóveda de ladrillo que posee actualmente un respiradero que da acceso a la planta de arriba de la casa, visible al día de hoy. Termina la sala con un muro de medianería que separa la estancia con otra cueva gemela donde se encontró parte del hamman o baños rituales de la mezquita aljama de Toledo.

Como curiosidades podemos destacar que una de las salas de la planta de abajo, accede a un muro donde se abre un ventanal que da acceso al patio interior de un vecino (en el callejón de san Pedro), pues sabido es que las constantes pendientes de Toledo hacen que algunas cuevas estén al mismo nivel que las casas vecinas, disfrutándose desde dentro, de un patio toledano con vegetación y azulejería típica, ventanas con marcos de yesería y una viga principal de estilo barroco.

En el pasillo principal encontramos una columna añadida (se perdió la original), rematada por dos arcos califales en magnífico estado de conservación. Pero como hemos mencionado antes, esta cueva además de todo lo dicho, es única por hallarse en su interior dos dibujos que representan la jamsa o mano de Fátima.

 

La mano de Fátima, un símbolo mágico y protector.

CUEVAS MÁGICAS

Si hay un elemento que hace de esta cueva un lugar con ese valor añadido que no poseen otras, es la aparición de dos jamsas o manos de Fátima, pintadas en negro sobre el yeso original de sus muros. Se pueden observar una enfrentada a la otra (mano izquierda y derecha), rodeadas las dos de tres pájaros, lo que hace de la composición un mensaje cifrado en el tiempo. Lo más curioso es que pasan casi desapercibidas, como si pusieran a prueba al visitante y escogieran ellas mismas, por quién quieren ser observadas.

La mano ha sido desde antiguo uno de los elementos más representados, las tenemos por ejemplo en las cuevas rupestres dibujadas generalmente en negativo de color ocre o negro, en estancias muy especiales donde se suponen se realizaban ciertos cultos y rituales ya perdidos en la memoria, una impronta ancestral para señalar un lugar sagrado, o quizás un intento de comunicarse con las entrañas de la gran diosa madre, en ese útero oscuro y subterráneo que servía a la vez de cobijo y templo.

La mano como talismán y símbolo de protección se comparte por las culturas y pueblos de lengua semita y nos ha llegado al día de hoy como uno de los elementos mágicos más utilizados por los musulmanes aunque hay que decir que no corresponde al culto oficial del Islam, que niega toda representación humana.

La fuente islámica donde encontramos la jamsa son los hadiz o proverbios que se le atribuyen a Mahoma y que expresaba de manera oral a sus discípulos. Jamsa en árabe significa cinco, cinco como los dedos de una mano y como cinco son los principales preceptos del Islam, conocidos como los cinco pilares: profesión de fe hacia Alá y Mahoma como  único profeta, la oración diaria (también cinco veces), limosna a los necesitados, ayuno (ramadán), y la peregrinación a la Meca. De ahí también deriva que de forma insistente en la arquitectura como en las decoraciones geométricas o incluso en banderas de algunas naciones musulmanas, veamos insistentemente la estrella de cinco puntas dibujada de una sola traza (pentalfa). También se la conoce como mano de Fátima, por ser este el nombre de la hija del profeta Mahoma (Fátima Azzahra). Recordamos que como origen semítico también es utilizada por los judíos (sefardíes), ellos la llaman Mano de Miriam (hermana de Moisés y Aarón), y sus cinco dedos aquí representan los cinco primeros libros bíblicos o Pentateuco que forman la Torá (los cinco libros de Moisés).

Su valor como talismán consiste en poseer una función protectora(efecto apotropaico), protege los lugares para que en estos no penetren influencias negativas, o protege a cualquier persona que la lleve consigo. Como herencia turca, en muchas ocasiones la veremos con un ojo en la palma para repeler específicamente el mal de ojo o aojamiento. A lo largo del tiempo y el espacio se la ha representado de muchas formas y maneras diferentes, boca arriba, boca abajo, más figurativa, más esquemática, con dos extremos hacia fuera,  con decoraciones geométricas, vegetales, con peces, etc.

Además como buen talismán, no sólo protege sino que también según la creencia, atrae la buena suerte multiplicando así su poder y haciendo de ella, uno de los símbolos más valorados y populares desde su origen hasta nuestros días.

Como hemos comentado, estas manos se acompañan de tres pájaros conocidos como los pájaros del paraíso. Su misión como la de otros pájaros en diversas religiones, era la de transportar el alma del difunto al más allá, al paraíso, para su descanso eterno. Al día de hoy no hay acuerdo para concretar de qué ave se trata, lo que sí observamos es que los dos de los extremos miran a la mano y el que está colocado arriba está con la cabeza agachada, como picando su propias patas, todos con las alas plegadas. Un conjunto el de manos y pájaros que genera una interpretación mucho más rica del dibujo, y que tuvo un evidente sentido ritual de protección y contacto con los ancestros.

Y son muchos más los secretos que acoge la cueva, los reservamos para el atento visitante, quizás tú…

 

Cuevas aún ocultas

Llegados a este punto, y una vez recorrido y descrito el espacio que acoge el Museo de la España Mágica, uno se pregunta, ¿qué otros misterios nos aguardan en las cuevas toledanas? ¿Quizás lo que esté por descubrir sea aún más sorprendente de lo que conocemos al día de hoy? Quizás, sólo quizás, mañana se descubra una  cueva que sirvió de gabinete mágico a un antiguo alquimista, o una extraña sala de reuniones donde se daba cita alguna sociedad secreta, o quizás símbolos pintados en muros y recovecos aparezcan de la nada…, probablemente esas cuevas ya están descubiertas pero ninguno de nosotros ha tenido acceso a ellas, o quizás sí…, quizás el silencio impere para no profanar secretos que no deben salir a la luz. Así es el Toledo oculto, un mundo que nunca termina definitivamente, aunque lo cierto es que la cueva de Fátima es uno de esos lugares especiales que está a la luz y que más allá de su valor arqueológico, aún tiene el poso indeleble de algo invisible y poderoso a lo que llamamos MAGIA.

 

Visita este lugar tan especial con nuestros Paseos nocturnos por el Toledo Mágico.